Cruz de Boyacá para ‘pícaros’ de impecable cuello blanco #LosIndignadosSomosMás

Espacio de opinión

El Grupo Aval ya no podrá negar que ha cooptado a su favor a los más altos estamentos del gobierno, lo que ha quedado en total evidencia con el escándalo de Odebrecht. El Laudo Arbitral demostró con absoluta claridad las jugadas rufianescas del Grupo y de sus compinches en el gobierno, para alzarse como avezados bandidos, con los dineros públicos.

No solamente recuperó por adelantado el capital invertido, con usureros intereses, sino que obligó al pueblo a retribuirle las colosales pérdidas por lucro cesante, al quedar suspendidas las obras de la Ruta del Sol Dos, mientras la fresca Ministra del Transporte, que le debe al Grupo favores de todo tipo, sale con la cínica declaración de que el Estado se libró de pagar $200.000.000.000 de intereses a los tiburones, alegando la buena fe de estos rufianes de barrio. ¿Qué entenderá esta ilustre y bien pagada señora por buena fe? De aquí en adelante, todo delincuente podrá alegar su buena fe.

Si al dueño y al actual presidente del Grupo les queda un asomo de vergüenza y dignidad, ¿por qué no le dan la cara al país, y después de pedirle perdón subiendo de rodillas al Cerro Monserrate, le explican con todo detalle sus inmorales trapisondas, en procaz manguala con el algo gobierno? Así como han tenido suficientes cojones para esquilmar al país, tengan ahora los mismos para cantar la verdad, y, sobre todo, para devolverle hasta el último centavo de su atraco, frente al cual, su pretendida filantropía es mísera migaja arrojada a sus humillados beneficiarios, desde sus sibaríticas mesas de Epulones.

La Cruz de Boyacá, concedida al patriarca del Grupo, es un escupitajo al rostro de Colombia, y tiene que quemarle el pecho como llama de acetileno, a menos que sea un pillo redomado. Ahora sabemos que los peores enemigos de Colombia no están en el monte, sino en los más altos edificios de las grandes ciudades, proyectando el próximo robo al país, alrededor de gigantesca mesa de caoba, cubierta con cristal bruñido, sobre tapetes persas. ¡Ay, de Colombia, con esta pandilla de granujas en la cúspide del poder, que posan como preclaros benefactores de la humanidad!

Y para nuestro Nobel de Paz, que, sin temblarle las bolsas de sus ojos, le otorgó la Cruz de Boyacá al ilustre pícaro, una pregunta: ¿Se acostó en el lecho de la infamia con los pelafustanes de Odebrecht?  ¡De nuevo la Cruz para honrar al bribón de alto turmequé! Hiede el circo a buitre carroñero y la Casa de Nariño a excremento de murciélago. Allí no cantan ruiseñores, ni se cultivan lirios y azucenas.

Por: Ovidio Guerrero L.

Estrato Uno del Sisbén.

¿Quieres dar tu opinión sobre este artículo?