El líder campesino del Catatumbo al que le han matado casi toda su familia

El líder social José Antonio Navas, miembro de la Asociación Campesina del Catatumbo, fue asesinado el pasado jueves y uno de sus compañeros de esa misma organización teme sufrir el mismo destino, pues afirma que la persecución y asesinato a líderes sociales es sistemático.

Olger Pérez Quintero ofreció su relato a El Espectador, en el cual reveló la tragedia por la que ha pasado en el marco del conflicto armado colombiano y las faltas de garantías en seguridad a los líderes sociales y defensores de derechos humanos por parte del Gobierno Nacional.

Pérez aseguró al medio que ha recibido amenazas de muerte contra él y su familia desde el año 1984, hasta el día de hoy por parte de los paramilitares, de la guerrilla y fuerzas militares. En 1985 ingresó como militante al partido Unión Patriótica, sobreviviendo al genocidio contra la organización política producto de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las guerrillas en 1984.

Actualmente ha sido asesinada gran parte de su familia. En 1987 el EPL asesinó a su tío Cayetano; en 1999 fue desaparecido su sobrino Richar, y usu hermano Diomedes Pérez fue asesinado en el 2000 en la ciudad de Ocaña por los paramilitares. En el 2002, dos primos fueron torturados y asesinados por los paramilitares también en Ocaña cuando salían a vender su cosecha. Y su hermano Álvaro Pérez fue asesinado este año en abril en la vía que conduce Cúcuta a Tibú.

Olger Pérez contó que desde muy pequeño producto de sus condiciones de vida en el campo, acompañó a su padre a las reuniones con la comunidad del pueblo San Calixto, del departamento Norte de Santander, y desde entonces decidió trabajar como líder comunal y campesino: “desde los 10 años acompañaba a mi padre a las reuniones y trabajos de la comunidad y fue desde ese momento en donde empecé a trabajar por ellos”, indicó en la entrevista.

En 1987 participó en el paro cívico campesino nororiental; en ese mismo año su pueblo se quedó sin alcalde por amenazas muerte de la guerrilla, por lo que el gobernador lo nombró alcalde por decreto. Posteriormente, fue nombrado personero por el Concejo Municipal. En 1998 se lanzó como candidato a la alcaldía de San Calixto y el día de las elecciones incendiaron las urnas del sector rural de la gente que lo respaldaba, según lo narrado en la entrevista.

En 1988 sufrió el primer atentado contra su vida en Ocaña cuando varios hombres le dispararon en diferentes ocasiones, aunque salió ileso. Fue nombrado director de la Casa de la Cultura de Ocaña, allí sólo duró cinco meses, pues un día varios paramilitares los retuvieron a él y a su esposa esperando la orden de comandante que nunca apareció y por tal motivo salieron con vida.

Luego de estos hechos, el campesino denunció en la Fiscalía a algunos de los paramilitares y militares, por lo que tuvo que salir del país debido al aumento de amenazas de muerte. Se exilió un tiempo en España, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos le otorgó medidas cautelares.

En el 2009 decide volver a San Calixto y desde entonces hace parte de la Asociación Campesina Catatumbo – Ascamcat.

También participó en el paro campesino del Catatumbo en el 2013; luego de estas actividades de manifestación recibió más amenazas y en el 2015 atentaron contra él y su familia en su lugar de domicilio, logrando salir a salvo todos.

Este relato, como muchos otros, se suman a las condiciones precarias que los líderes campesinos y sociales deben afrontar cotidianamente en sus territorios por la falta de protección a la vida de los colombianos que deciden trabajar por el bien común de su región y comunidad. Fuente consultada: revista Semana.

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