Emprendimiento y paz: La empresa cuyos trabajadores son víctimas y victimarios del conflicto

Un ejemplar caso de emprendimiento fue conocido gracias a una nota publicada por El Tiempo, en la que fue contada la historia de Juan Esteban Garzón y su empresa Casai, la cual además de haberse atrevido a presentar una interesante propuesta en el desarrollo de cereales nativos de café, cacao, quinua y ñame en Medellín, con proceso libres de químicos, también le apuesta a los temas de paz y reconciliación, contratando en su mayoría a personas que hayan estado inmersas en el conflicto del país, ya sea de parte de los victimarios, o que hayan sido víctima de estos.

Toda una historia de tolerancia se refleja en esta empresa, donde además de apostarle a propuestas de nutrición saludable, también han generado toda una filosofía de reconciliación y perdón en Colombia, convirtiéndose en una de las primeras empresas cuya contratación para el proceso productivo lo ejecutan víctimas y victimarios del conflicto armado, con el objetivo de demostrar que los ejercicios de paz pueden dar resultados en el emprendimiento.

El 90% de los empleados varían entre reinsertados de la guerrilla, autodefensas y exmilitares, quienes ayudan a Garzón en esta empresa dedicada a los cereales 100% colombianos, con utilización de materia prima poco tradicional (sin maíz). Estos productos ya han tenido reconocimiento, pues además de lo ya mencionado, es un cereal apto para veganos, diabéticos, pues no tiene azúcares ni químicos.

Casai tiene numerosas historias de alto impacto, que reflejan a su vez la realidad del país, comenzando por una persona que algún día contrató a una persona con varios cursos de alimentos y manejo de maquinaria, pero de quien no tenía referencia personal ni familiar, y que además no figuraba en historiales ni de salud, ni pensiones, ni por el estilo.

Su nombre es Alberto Hernández Ávila, y él mismo fue el que se encargó de confesarle a Garzón que realmente había mentido en su hoja de vida, pero que su conciencia no lo dejaba continuar y tuvo que contarle que es un “exmilitar condenado por falsos positivos” que acababa de salir de la cárcel apenas nueve días atrás después de nueve años.

Garzón decidió permitirle que continuara trabajando, e incluso lo dejó contarle su historia a los demás compañeros en la empresa, lo que resultó desencadenando en más precedentes llamativos entre quienes allí trabajaban, como lo es la aparición de Juan, un hombre que trabajando como operario, empezó a llorar al momento de escuchar la historia de Hernández, contándole que su padre fue una de las víctimas de falsos positivos.

Todo esto dio lugar a una nueva etapa en la empresa en múltiples aspectos. Los hombres que a simple vista podrían verse como victimario y víctima, resultaron convirtiéndose en grandes amigos a niveles bastante cercanos. Esta historia inspiró a Garzón, quien tomó la decisión de comenzar a contratar a personas que de algún modo estuvieran vinculados con el conflicto.

“Parece que nadie quiere contratar gente del conflicto, sean victimarios o víctimas. Lo sé porque le pedí a Comfama que me ayudara con una convocatoria para esta población y me llegaron 2.000 hojas de vida”, dijo Garzón citado por El Tiempo.
Habló además sobre cómo la empresa conlleva un proceso de resocialización para todas las partes del conflicto que lleguen, y sus aportes han impulsado el crecimiento de Casai.

“Póngase la mano en el corazón y abrannos las puertas de sus empresas, nos piden experiencia laboral y nadie nos da la primera oportunidad de demostrar que podemos servir, que podemos trabajar y aportarles a su proyecto”, expresó el exmilitar Hernández.

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