Hallan fosa común con más de 50 ‘falsos positivos’ ocurridos durante el gobierno de Uribe

Un espeluznante hallazgo se dio en tierras antioqueñas mientras investigadores de la JEP adelantaba un procedimiento en la búsqueda de los cuerpos de varios jóvenes reportados como desaparecidos, y de los que se presume habrían sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales entre los años 2006 y 2007, conocidos como ‘falsos positivos’.

Lo encontrado por el equipo investigador en el municipio de Dabeiba, Antioquia, es lo que se estima podría ser una de las fosas comunes más grandes encontradas en los últimos años, con lo que se presume serían más de 50 desaparecidos como falsos positivos que fueron asesinados a manos de miembros del Ejército Nacional.

Según información publicada por Revista Semana, la ubicación de la fosa fue entregada por un soldado que se acogió a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) quien en medio de su testimonio y como proceso de reparación a las víctimas a través de la verdad, comentó la ubicación del lugar donde él junto al resto de la unidad militar a la que pertenecía dejaron restos humanos de civiles que posteriormente fueron reportados como guerrilleros.

Pero más allá de la ubicación del lugar entregado por el soldado identificado como ‘Buitrago’, cuyo nombre real no fue mencionado por Semana por motivos de seguridad, fueron varios los detalles que contó dejando tener una noción sobre como se fraguó uno de los crímenes de Estado más repudiados de la historia colombiana.

‘Buitrago’ contó como el sargento de la unidad militar a la que pertenecía en aquel entonces, les ordenaba a él y a otros compañeros asesinar a sangre fría a los civiles para luego a orden del mismo sargento dispararles en la cara con un fusil M60 con la intención de dejar los cadáveres irreconocibles.

El soldado también contó cómo los uniformados tenían una estrategia montada para llevar a cabo los asesinatos; por una parte buscaban a jóvenes de escasos recursos de la ciudad de Medellín que luego serían hechos pasar por guerrilleros y dejados en municipios y veredas a más de 170 kilómetros del lugar donde residían, para que así nadie reclamara los cuerpos.

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