La resistencia del Arte

La dolorosa realidad de la facultad Bellas Artes de la Universidad del Atlántico es un escenario parecido al de la posguerra; paredes agrietadas, muros a punto de colapsar, escombros acumulados, murales que expresan ambiguamente lamentos y una voz de resistencia. Pero lo que une ese escenario en un solo sentir, es el silencio que reina debido al abandono, y no solo el abandono del estado, sino el de todos, del Señor Martínez que pensó que votar por cualquier candidato daba igual, de la Señora Marta que dijo que la política no le gustaba, de los chicos que pasaban en el bus y reprochaban los murales de protesta que se encuentran en su exterior, de la apatía e individualismo de aquellos compañeros de la misma Alma Máter que les daba igual que pasaba con dicha facultad, y de muchos que se escapan.

 

El único sonido que intenta expandirse es el susurro de aquellos que saben que entre tanto polvo reposa el arte. Guerreros incansables que levantan su voz en cada manifestación pidiendo a gritos que no dejen derrumbar completamente uno de los centros culturales más antiguos de la región y lo más importante, la casa de miles de artistas.

Una gran inversión necesita la reconstrucción de Bellas Artes, y ese es de los principales motivos del paro estudiantil que alcanza ya más de 3 meses en la Universidad Pública, pero más allá de lo material, necesita que la sociedad despierte y que se de cuenta que el individualismo solo lleva a ratificar y repetir los modelos de corrupción que no descansan día a día, que no podemos ver cómo nuestra cultura se cae a pedazos y creemos que es algo ‘natural’ y es solo culpa de unos cuantos.

Todos tenemos culpa, pero todo puede cambiar, porque todos somos Bellas Artes.

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