¿Las tiendas Justo y Bueno y D1, son un fraude?

Estas empresas han estado enmarcadas en una disputa jurídica en los últimos años por algunas denuncias que se han interpuesto por una supuesta competencia desleal entre las partes. Además, se están apoderando del mercado.

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Colombia ha sido plaza de un nuevo tipo de mercadeo que ha incursionado en el país. Se trata de las tiendas que venden productos a bajo precio -Justo y Bueno y D1-, en comparación con las demás empresas, tiendas y supermercados que se ubican en los barrios. Pero este modelo no es nuevo, nació en Alemania y se ha extendido por muchos más países con gran éxito.

Los fundadores de D1, son ahora los dueños de Justo y Bueno, pero con antelación a la apertura de las tiendas de la segunda marca, le vendieron las acciones de la primera a Valorem por US$68,9 millones. En estos momentos Justo y Bueno es propiedad de Mercaderías S.A.S.

El negocio se trata de vender artículos que provienen de pequeños productores o en su defecto, producir los propios. Asimismo, la publicidad realizada es mínima, no gastan mucho en la construcción de sus tiendas y la adecuación de las mismas; no hay inversión en mercadeo y sus productos utilizan poca tecnología para la elaboración, haciendo todo esto, que los precios para la venta sean bajos.

¡La pelea!

En consecuencia de la competencia tan fuerte que mantienen estas dos empresas, que una -D1- hace parte del Grupo Valorem, de la familia Santo Domingo, mediante la firma Koba, se han estado denunciando por competencia desleal y falsos testimonios ante la Super Intendencia de Industria y Comercio y la Fiscalía General de la Nación, respectivamente.

Hay que tener en cuenta que desde Justo y Bueno han dicho que no competirán en el mismo mercado de D1, ya que utilizan un poco más de mercadeo, publicidad, hasta artistas locales para los diseños de sus sucursales, pero igualmente siguen con los precios demasiado bajos, con lo que siguen causando molestia en la competencia.

Cuando se denunciaron ante la SIC, lo hicieron porque al parecer una de las partes estaba coaccionando a los proveedores de la otra para que no le vendiera más y esto causó que se creara una tensión de las relaciones entre las dos marcas. Luego, interpusieron una denuncia por falso testimonio ya que supuestamente algunos empresarios se habrían contradicho en las declaraciones que hicieron ante la SIC.

¿Todo es un fraude?

Después de la incursión de este tipo de tiendas que buscan competir vendiendo a precios excesivamente bajos, muchos tenderos de barrio, supermercados, minimercados, entre otros, se han quejado, toda vez que los clientes se han ido a comprar a las nuevas tiendas de Justo y Bueno y D1, en el entendido que han entrado abruptamente a los barrios de todo el país, ubicándose en lugares estratégicos para llegarle de cerca a los consumidores.

Teniendo en cuenta lo anterior, existe una gran posibilidad que todos los dueños y trabajadores de las tiendas, establecimientos de comercio y demás, que contribuyen a que el desempleo no esté más bajo que los índices actuales, pierdan sus trabajos y les toque cerrar sus negocios porque no habrán ventas en un futuro cercano. Pero también hay que sumar los transportadores, distribuidores, comercializadoras, entre otros, que hacen parte de la cadena de ventas de las susodichas tiendas de barrio. Y algunos dirán que se pueden unir a Justo y Bueno y D1, pero es seguro que no habrá empleo para tantos ciudadanos.

La estrategia clara de estos empresarios, es entrar a todos los barrios del país, por lo que iniciando el 2018, ya tendrán más de 500 tiendas abiertas en el país cada uno de ellos y eso es notorio hasta en municipios pequeños en donde se ven las tiendas de Justo y Bueno o se encuentran en su respectiva construcción. Así poco a poco se apoderan del mercado, hacen que entren en quiebra los demás de la competencia como los pequeños empresarios y con eso imponen su modelo de mercado y como única solución a las compras de los colombianos.

Dentro del análisis que muchos hacen, está la duda sobre que algunas de estas tiendas pagan altos arriendos, gastos de construcción, entre otros temas necesarios para abrir un nuevo local, aún cuando utilizan otras estrategias para disminuir el costo de mantenimiento, es difícil comprender el hecho de que vendan los productos al costo, prácticamente sin ganancias evidentes. De igual manera, con Justo y Bueno, que son los que más gastan en la creación de sus tiendas, siguen teniendo precios sorprendentemente bajos.

Hace muchos años se presentó una supuesta pelea entre cementos Argos y Cemex, los cuales se fueron lanza en ristre a reducir el precio del bulto de este material a $6.000, llevando a la quiebra a las pequeñas fábricas, para luego subirlo hasta $20.000, apoderándose de todo el mercado e imponiendo el precio que ellos eligieron posteriormente.

En igual condiciones deben estar las empresas del debate en cuestión, tratando de dejar en quiebra a las pequeñas tiendas, para después manipular los precios a su antojo.

Mi análisis es subjetivo, tratando de enviar un mensaje a los ciudadanos de que apoyemos a los tenderos de nuestros barrios y no dejemos que las grandes marcas acaparen el mercado y aumenten el desempleo de las familias de clase baja/media.

-Fuentes de información las2orillas, portafolio, semana, dinero y caracol-.

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