“Perdón no es olvido”: Ingrid Betancourt rechazó versión de las Farc sobre su secuestro

La excandidata presidencial Ingrid Betancourt, quien vuelve a ser noticia tras conocerse la versión entregada por las Farc sobre los pormenores de su secuestro de más de 6 años, explicó que se estarían omitiendo detalles de su reclusión en la selva y de los tratos que, tanto ella como otros secuestrados, tuvieron que padecer a manos de los guerrilleros.

Mediante una carta dirigida a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Betancourt hizo un análisis de las incongruencias publicadas por el actual partido político, quienes según ella estarían faltando a la verdad y al respeto por las víctimas que como ella padecieron varias vejaciones que no pueden dejarse atrás en la búsqueda de la paz.

El texto hace referencia a un artículo publicado el pasado 22 de febrero por el diario El Espectador, en el cual el partido Farc entregó su versión a la JEP del secuestro de la excandidata presidencial en las elecciones de 1998.

En la respuesta, que está dirigida puntualmente a la magistrada Julieta Lemaitre, miembro de la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de la JEP, Betancourt explica la sorpresa y el desconcierto que le produjo el texto; partiendo, en primer lugar, por el haber conocido el relato por la publicación de un medio nacional y no de manera formal; de igual manera, señala distintos puntos que, según la excandidata, estarían faltando a la verdad, como el hecho de calificar su secuestro como una “retención”.

Los 10 puntos señalados por Betancourt como respuesta a las declaraciones de las Farc:

 

 

  • “Según ellos, mis intentos de fuga los obligaron a encadenarme y a someterme a otros castigos que mencionan parcialmente. […] Yo estaba en derecho de buscar recobrar mi libertad”.

 

 

  • “Dicen ellos que su intención al encadenarme era salvarme la vida. El mayor peligro que yo corría […] eran ellos, su violencia, y su decisión de matarme si era necesario”.

 

 

  • “¿Hacerme marchar encadenada con otro secuestrado para prevenir incidentes? No. […] Al cruzar caños pasando en equilibrio sobre troncos resbaladizos, podíamos morir ahorcados si el compañero se caía. […] El encadenamiento era parte de su obsesión con el castigo para quebrarnos psicológicamente”.

 

 

  • “Dicen que las cadenas las retiraban. A los secuestrados militares y a mí, nos mantuvieron encadenados durante años. No era una medida esporádica”.

 

 

  • “Hacernos asear en público también daba la oportunidad para conductas insultantes, violencias, y terribles abusos […]. Era una venganza contra un ser humano convertido por ellos en el símbolo de su enemigo personal y social”.

 

 

  • “Obligarme a hacer las necesidades frente a un guerrillero, como explican ellos, para impedir mi fuga, es una justificación inaceptable. La razón era otra: la complacencia en el odio, la sed de dominación, el machismo, y la estimulación grupal del sadismo”.

 

 

  • “Dicen que me aislaron para que me cuidaran guerrilleras mujeres y que me reunieron al grupo por solicitud mía. No me solicitaron mi opinión ni aceptaron que la diera. Hicieron conmigo lo que les pareció, sin importarles ni mi sufrimiento ni mis súplicas”.

 

 

  • “Hablan de espacios para hacer yoga, de artículos de belleza, de comida y medicamentos. Con los cambios de comando nos ponían a hacer una lista de implementos de aseo, a sabiendas que nunca llegaría nada. […] Para ellos había todo, mientras nos mantenían encadenados, sin siquiera atendernos con los medicamentos que tenían en reserva”.

 

 

  • “Me hicieron dormir encima de nidos burbujeantes de hormigas mortales. Dicen ellos que ocasionalmente sucedió porque por las noches no las podían detectar. […] La verdad es que las buscaban de día para obligarme a permanecer encima de ellas. […] ¿Sabe alguien lo que es dormir sobre una marea de bichos enloquecidos, encaramándosele a uno de noche por todos lados …?”

 

 

  • “Se apropiaron de mi vida, de mi tiempo familiar y laboral, de mi recorrido político y de mi voz, para usarme como escudo militar, moneda de cambio y plataforma mediática”.

 

Asimismo, en el texto Betancourt expresa que durante su secuestro su vida y la de muchos privados de su libertad estaba “en manos de hombres y mujeres perdidos en la selva, sin Dios ni ley, que hacían con nosotros lo que les parecía”; por lo cual resalta que aunque existió el perdón, eso no es “olvido. Tampoco es impunidad”.

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