Periodistas de Semana contaron la persecución vivida por investigar a las fuerzas militares

Cumpliéndose una semana de la publicación de “chuzadas sin cuartel”, investigación realizada por Revista Semana que destapó lo que sería un nuevo escándalo de interceptaciones en contra de magistrados, políticos y periodistas, el equipo investigador de ese medio relató la intimidación sufrida durante su etapa de investigación, llegando a escalar con amenazas de muerte para algunos de los periodistas.

Las formas de intimidación comentadas por los miembros de Semana, advierten como una camioneta negra llegó a estacionarse varios meses al frente de la sede de la revista, desde donde estarían siendo interceptados sus teléfonos celulares y portátiles. Luego de ser interceptados, algunos contaron como mensajes empezaron a llegar a sus números personales hasta recibir sufragios y lápidas, dejando claro el tipo de ataques al que estaban expuestos.

En diálogo con el diario El Espectador, el equipo de reporteros comentó como el líder de la investigación (cuya identidad no fue revelada) llegó a enterarse de manera fortuita sobre un ataque sicarial en su contra, como muestra de la escalada en las estrategias intimidatorias contra quienes adelantaron investigaciones en contra de las Fuerzas Militares, y que de momento permanecen en completa impunidad.

“En esa vuelta, la gente del CTI detectó que había involucrados dos oficiales del Ejército retirados y uno activo. El CTI en realidad lo descubrió por accidente, en una investigación por otra cosa. Ellos no sabían nada del contexto en el que estábamos; les explicamos. Hasta ahí fue solo una tentativa, el plan no terminó cuajando, los sicarios no aceptaron. Pero los del CTI nos dijeron:’Acá tuvimos la suerte de enterarnos, pero puede ser que le ofrezcan el trabajo a alguien más. Párenle bolas, cambien rutinas, este es un tema serio”, relataron los periodistas.

Según la información publicada por El Espectador, las amenazas habrían comenzado desde 2018, luego de la publicación “Dinero, espías y traición”, reportaje que mencionaba la forma en que altos mandos militares habrían logrado desviar cuantiosas sumas de dineros públicos hacia sus propias cuentas y gastando en asuntos personales, como viajes familiares, compras de toda clase, incluído los equipos de monitoreo, que luego serían tema de discusión con las autoridades estadounidenses.

Luego de la publicación de dicho artículo, vinieron otras publicaciones en contra de las fuerzas armadas que agravaron la situación, llegando al punto que varios reporteros fuesen seguidos por hombres sin ningún interés en ocultar sus intención, hecho que según los propios involucrados habría sido usado como estrategia para hacerlos sentir más acorralados todavía.

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