“Por algo hasta Pablo Escobar quiso ser congresista y ocupar una silla en el capitolio”

En una columna para el diario El Tiempo la periodista Paola Ochoa se despachó en contra del Congreso de la República, tomando como eje central la reciente polémica por el hundimiento de los proyectos anticorrupción y más detalles que ella califica como vergonzosos y que son perpetrados, según dice, por políticos con “rabo de paja”.

De acuerdo a Ochoa, el hecho que el Congreso tenga a tantos políticos que tienen presuntos vínculos con actuaciones de corrupción o intereses que puedan verse afectados por lo mismo, los lleva a temer por la eliminación de beneficios como el de la prisión domiciliaria que ellos puede gozar, o sus familiares o contratistas.

En ese sentido recuerda varios nombres de personajes enlodados en corrupción que han obtenido beneficios judiciales que el Congreso se niega a eliminar; además la columnista menciona que hay tendencias ilegales en la política colombiana por la sed de poder y hacen lo que “les da la gana”.

Igualmente Paola toca las problemáticas como el clientelismo; el movimiento de influencias para contratación que les permite a su vez financiar costas campañas. Acá relaciona a personajes como Uribe, Gaviria, Samper y Vargas, quienes, según ella, gastan entre 5 mil y 10 mil millones de pesos en una campaña para obtener una curul, lo cual es imposible de recuperar con los sueldos que ganan (alrededor de 30 millones de pesos mensual).

“Por algo hasta Pablo Escobar quiso ser congresista y ocupar una silla en el capitolio colombiano. Por algo Santrich no es el único corrupto, aunque es otro payaso desfachatado dentro de todo ese circo”, menciona Ochoa.

La columna señala que son pocas las excepciones que pueden hacerse en el Congreso, y cómo esta situación lleva a que los supuestos políticos corruptos no puedan ser detenidos en sus intenciones políticas.

“Lo que acaba de pasar en el Congreso es absolutamente grotesco. Habrá sin duda unas cuantas excepciones de congresistas que no participaron en ese entuerto, pero son minorías que no tienen los medios para detener semejante concierto para embolatar a todo un pueblo. Porque ese es otro problema de nuestro Congreso: que los buenos y honestos nunca son suficientes como para poder conformar una mayoría que bloquee a los cínicos y puercos”, anota la periodista para su columna en El Tiempo.

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