Una vaca por la familia de Yuliana Samboní

Todos hablaban de la niña Yuliana Samboní hace 3 años y por estas misma épocas.  Su degarradora historia fue usada por la prensa en su afán de obtener unos fugaces puntos de rating que contrastaban con los eternos padecimientos de su familia, los cuales se han vuelto más dolorosos aún, no solo por el hecho de no tener a su adorada hijita, sino porque sus vidas fueron devueltas por el destino a su punto de origen, al sur del Cauca, de donde creyeron salir para aspirar a una mejor vida, la que la capital parecía prometerles en el fondo de ese espejismo que proyectaba el aparente desarrollo de las capitales;  el espejismo que subyace en el anhelo acucioso de lograr un empleo digno, unos centros de educación, de salud, de abrazar una paz que a los Samboní ya les había sido usurpada por el conflicto interno colombiano que se agita con furia en ese departamento.

Allí Juvencio, el padre de Yuliana, con doce mil pesos semanales intenta no ver morir a sus hijos a manos de ese otro asesino en masa de niños que es el hambre, un asesino silencioso, cruel y cobarde que posa su lasciva mirada sobre los más indefensos, sobre los desposeídos, a fín de no asumir responsabilidades como lo hizo el violador y homicida de su hija, porque en esos, en los pobres, nadie posa su atención sino es para seducirlos en tiempos de campañas politiqueras o para acaparar la sintonía de los programas de televisión que exponen las tragedias que sobre ellos se cierne, pero sin propugnar por verdaderas acciones que busquen cambiar sus trágicas vidas, que se cuentan por millones.

Programas de televisión de propiedad de las familias más ricas del país, a los que les es imposible saciar su codicia, tanto así que hasta monetizan las tragedias de los excluidos, como lo hicieron en este suceso ignominioso. Esas mismas familias prestantes, familias “de bien”, como se autodenominan; de esas mismas a las que pertenecía el depravado sexual e infanticida de Yuliana.

Sabemos que como parte de la sociedad civil jamás podremos llenar los espacios dejados por siglos de abandono social por parte del estado colombiano; que son sus obligaciones como el Estado social de derecho que, ante el mundo, nuestros gobernantes se jactan de poseer; pero también sabemos que esas nobles pretensiones no están disociadas de actos de humanidad, es más, van de la mano, y el humanismo es su cimiento y su punto de partida.

Por eso, recurriendo a ese sentido humanista que nos caracteriza a muchos colombianos, queremos ayudar en algo a suplir las grandes necesidades por las que atraviesa la familia Samboní, siempre dejando claro que jamás se podrá subsanar la pérdida de un ser querido, de un ángel como lo es Yuliana. Sus hermanitos y sus padres atraviesan hoy una dura situación peor que la que vivían antes de la muerte de la inocente niña. No han recibido una reparación de parte de los victimarios ni de los gobernates, ni siquera un acto de perdón público, nada.

En esta época de navidad, donde el mensaje central del cristianismo, independientemente de las creencias religiosas de cada uno de nosotros, es el de reivindicar la hermandad, máxime si somos hijos de un mismo suelo. Por eso, Beto Coral y Movimiento Naranja hemos convocado respetuosamente a los y las colombianas a hacer sus aportes voluntarios con el fin de brindarle a esta familia una ayuda económica que en algo solvente sus afugias, tal vez, las mismas de millones de familias colombianas. La meta es llegar a los cuarenta millones de pesos en un mes.  Nos hemos puesto en contacto con Juvencio Samboní, la cabeza de esta familia, y él lo ha recibido con entusiasmo y muy agradecido por nuestra labor, que será también de ustedes, las personas que quieran unirse a este esfuerzo.

¿Cómo hacer sus aportes? Por medio de esta plataforma, siguiendo los pasos que en ella se explican:

Una vaca por la familia Samboní 

También lo puede hacer por Baloto o Efecty.

De antemano agradecemos por su importante colaboración y su valiosa empatía, un valor que tanto nos falta en nuestro sufrido país.

¡Felíz Navidad y año nuevo 2020!

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