“Uribe tomó asiento (…) y pronunció en clave de coro el insulto: sicario… Sicario… Sicario”

Por medio de una columna para El País de España, el escritor Juan Álvarez hizo todo un análisis de la manera como el expresidente Álvaro Uribe acostumbra a “insultar o etiquetar a sus detractores”, tomando como base el reciente suceso ocurrido en el Senado de la República donde le dijo a Gustavo Petro en tres ocasiones “sicario”.

Álvarez comienza haciendo un recuento de algunas de las situaciones similares en las que Uribe se ha referido de manera ofensiva o poco adecuada en contra de sus detractores.

“Recuerdo a los humoristas que ha difamado diciendo que son ‘violadores de niños’; a los periodistas que ha tachado de ‘extraditables’; a los activistas de derechos humanos, a quienes ha estigmatizado desde el principio de los tiempos; a sus propios colaboradores, amenazados de ser golpeados ‘en la cara, marica’, en llamadas telefónicas que fueron pantomimas de indignación (probablemente grabadas por él mismo) ante el destape de los hedores de corrupción emanados de su administración”, comenta el columnista.

El escritor menciona que todo esto volvió a verse reflejado con la escena en el Congreso durante el debate sobre las objeciones presidenciales a la JEP, asegurando que Uribe conoce que sus palabras son un reflejo antidemocrático y que puede notarse en su modo de decirlo, ya que no está simplemente soltando un insulto sino que “está cruzando la raya que quiere cruzar a partir del uso impune de un artilugio sonoro. Su discurso público ha sido el cruce impune de límites que van más allá del insulto”.

“Álvaro Uribe Vélez lleva 20 años despertando y alimentando un sentimiento uribista cifrado entre el embrujo del tono firme y el sentido del mensaje bélico”, agrega el escritor mientras analiza el uso de la palabra ‘sicario’ justamente en ese momento que generó además la risa de sus copartidarios, destacando una de sus más cercanas, Paola Holguín, quien recuerda es reconocida por la instalación de vallas para difamar la JEP.

Álvarez califica la risa de los copartidario del senador como la “metáfora cruel de lo que seguimos empeñados en convertirnos: especies que ríen cuando presencian la actuación sonora de un deseo de muerte”.

Para el escritor todo el modo de proceder del expresidente respecto a sus insultos son una herramienta que guarda fines que lo apartan del debate democrático, lo que cataloga como “una máquina diestra en ensordecer”, lo que en últimas resulta para el escritor un reflejo de la historia reciente de violencia del país. Fuente consultada: ElPaís de España.

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